6 Consejos Para Mejorar Tu Cartera

6 consejos imprescindibles para mejorar tu cartera

A la hora de construir una cartera debemos de tener en cuenta una serie de aspectos que nos pueden ayudar a mejorar la eficiencia de la misma. Se trata de minimizar el impacto del efecto disposición y de factores tan propios a la psicología humana como el orgullo y el arrepentimiento. Aquí tienes los 6 consejos imprescindibles para mejorar tu cartera. Nunca los olvides.

1. Revisar nuestra cartera con menos frecuencia de lo que suele ser habitual.

Es lógico que, a priori, esto pueda resultar extraño, ya que las revisiones periódicas de carteras para reajustarlas y efectuar rebalanceos de los activos son una piedra angular de la gestión profesional. Sin embargo, la revisión de las carteras, si se hace de una manera demasiado frecuente, corre el riesgo de caer en el error de centrarnos en aspectos como las fluctuaciones de corto plazo que puedan tener lugar en los mercados, y en el ruido que ello supone. Esto puede acabar provocando que los inversores pierdan la perspectiva sobre las inversiones que han realizado y que los objetivos iniciales que se habían marcado sean totalmente despreciados. Por ello, y como regla general, estableceremos la premisa de que a mayor horizonte de inversión, menor frecuencia en la periodicidad de las revisiones de la cartera.

2. Colocar siempre un stop-loss a nuestras posiciones en la cartera.

Esto evitar cometer el error de mantener en nuestra cartera posiciones perdedoras durante más tiempo del recomendable. Normalmente se recomienda que estos stops estén siempre situados a un nivel predeterminado con respecto a nuestro precio de entrada. Posteriormente, se puede ir ajustando si la inversión está en zona de beneficios, de manera proporcional y parametrizada, lo que en el argot se denomina Trailing Stop. Así se aseguran parte de los beneficios ya obtenidos, y la posición se deshace automáticamente en cuanto sobrevengan pérdidas que sobrepasen este nuevo punto de referencia.

Lógicamente, el stop debe de ser fijado de manera individualizada para cada activo financiero en función de su volatilidad. Así se eluden circunstancias habituales del mercado en el que movimientos típicos en estos activos de mayor volatilidad puedan hacer saltar dichos stops de manera prematura.

3. Realizar coberturas a las posiciones de la cartera.

Esto se suele llevar a cabo normalmente con productos derivados cuyo subyacente sea el activo objeto de nuestra inversión. Debemos tener en cuenta que el coste de esta protección lógicamente reduce el potencial de rentabilidad de la cartera en conjunto. Pero, en la mayoría de los casos, son mayores las ventajas de cobertura ante potenciales eventualidades que el riesgo que se estaría asumiendo en caso de no contar con ningún tipo de protección, aunque ésta sea parcial y no total.

4. Limitar el tamaño de las inversiones especulativas en la cartera.

Después de todo, las inversiones de este tipo pueden suponer una pérdida casi total del capital invertido en las mismas, y este hecho no tendría que suponer una reducción significativa de nuestro patrimonio. Siempre que se asuman en la proporción adecuada, claro. En este sentido, tampoco se puede establecer una regla general de actuación para fijar el límite por arriba al tamaño de las mismas, porque esto depende principalmente del grado de aversión al riesgo de cada inversor individual.

No obstante, creemos que en la mayoría de los casos este tipo de productos financieros, tomados como inversión satélite de manera conjunta, no deberían suponer un porcentaje superior a entre el 15%-20% del total de nuestras carteras.

5. No hacer Martingala.

Las inversiones en productos de elevado riesgo con frecuencia suelen provocar pérdidas transitorias en el corto plazo. Por ello, no debemos considerar esos momentos como oportunidades de entrada para ampliar y mejorar el precio medio de nuestras posiciones. En este sentido, “nunca conviene coger un cuchillo cayendo”. Debemos admitir y reconocer que la inversión no salió como esperábamos y respetar el stop-loss que hayamos asignado a dicha posición. La disciplina en este sentido es absolutamente primordial, pese a que tengamos que asumir pérdidas en este caso.

6. Basar nuestras decisiones de inversión en un sólido análisis previo.

Las inversiones deberían estar siempre basadas en hechos más allá de sensaciones transitorias. Muchos inversores tienden a construir sus análisis en la percepción que les pueden generar ciertas marcas, o la imagen comercial que le proyectan ciertas empresas en base a anuncios en TV y otros medios de comunicación. También en consejos de amigos cercanos y compañeros de trabajo. En este sentido, es importante priorizar los hechos a las expectativas individuales, las historias por encima de los pálpitos puntuales.

Cuando las decisiones de inversión se sustentan en los hechos y el análisis previo, la tendencia al error suele ser menos frecuente. Y si dichas decisiones han acabado siendo erróneas, será más fácil identificar posteriori el motivo para no volver a incurrir en él en el futuro. Por contra, cuando las decisiones se basan en pálpitos o sensaciones transitorias, los errores se suelen repetir en el tiempo. Para poner un ejemplo gráfico, un informe bien documentado sobre el devenir de una empresa supone una buena herramienta de toma de decisiones; un artículo en un periódico que habla de la última inversión de moda, no.

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