Teoría De La Atribución

Estimaciones y Teoría de la Atribución

En nuestra anterior entrega hacíamos referencia a los conceptos de anclajes y ajustes mentales que solemos realizar a la hora de llevar a cabo estimaciones. Pues bien, dichos conceptos aunque no lo creamos son los más relevantes a la hora de tomar decisiones de inversión.

Los precios objetivos, los beneficios empresariales, la inflación, las tasas de interés y crecimiento, y todo tipo de otras variables input en el análisis financiero son estimaciones, generalmente estimaciones de consenso. Además, un analista o inversor a menudo ya ha estimado una variable específica en el pasado. Una vez que existe nueva información pública disponible, debe hacerse una nueva evaluación, independientemente de las estimaciones anteriores.

Sin embargo, la mayoría de las empresas, los analistas y los inversores están fuertemente influenciados por sus pronósticos previos con lo que este proceso de ajustar el valor antiguo hacia arriba o hacia abajo se realiza de manera insuficiente en la mayoría de los casos. Esta es la razón por la que las compañías frecuentemente sorprenden al alza en una expansión económica y las estimaciones a menudo no se cumplen en una recesión. Para evitar ser influenciado por este anclaje, siempre que se lleve a cabo una nueva estimación debe de hacerse sin considerar ni dejarnos influenciar por las anteriores.

Otro aspecto relevante que debemos resaltar en nuestro comportamiento como inversores es que estamos inequívocamente sesgados al buscar razones para justificar tanto el éxito como el fracaso. Aquí aparece la figura de la disonancia cognitiva, ya que no percibimos esta disonancia si somos capaces al final de culpar a alguien por una decisión que acaba resultando ser equivocada. La teoría más amplia sobre cómo evaluamos las decisiones después de que se hayan producido los acontecimientos se llama Teoría de la Atribución.

El mensaje clave es que tendemos a atribuir decisiones que han acabado siendo exitosas a nuestras propias capacidades superiores, mientras que por contra siempre encontramos razones externas para justificar los fracasos. Este fenómeno es omnipresente a la hora de estudiar la evaluación del desempeño de las inversiones. Los inversores están convencidos de que los beneficios son directamente atribuibles a su capacidad superior para seleccionar inversiones atractivas. Si el activo objeto de la inversión acaba incurriendo en pérdidas, generalmente hay una razón disponible para explicar por qué sucedió eso: una equivocación de nuestro asesor, que la compañía objeto de la inversión hubiera vendido una imagen de optimismo sobre su actividad que no se acaba correspondiendo con la realidad, etc. Otra excusa común para los pronósticos erróneos es el argumento de que ‘no ha sucedido todavía’. Muchas reclamaciones injustificadas por daños y perjuicios pueden explicarse por esta Teoría de la Atribución.

Pongamos ahora un ejemplo práctico. Supongamos que tuvimos un buen desempeño en una variedad de pruebas en varias ocasiones, pero otras personas que tomaron las mismas pruebas no lo hicieron tan bien como nosotros. ¿A qué conclusión llegaríamos?

  1. Las pruebas probablemente fueron fáciles.
  2. Las otras personas que obtuvieron peores resultados eran torpes.
  3. Somos buenos en la resolución de este tipo de pruebas o a lo mejor resulta que casualmente tenemos buenos conocimientos de la materia objeto de las pruebas.

Pues bien, todos los que se quedan con la respuesta 3, que suele ser la elección más común, atribuyen el buen desempeño a las habilidades personales, que es casualmente lo que la teoría de la atribución podría predecir para los resultados exitosos, como hemos visto anteriormente.

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